Y SI EL AMOR NOS CURA PARA SIEMPRE / AND IF LOVE HEALS US FOREVER / ET SI L'AMOUR NOUS GUÉRIT POUR TOUJOURS / E SE L'AMORE CI GUARISCE PER SEMPRE

 

Y SI EL AMOR NOS CURA PARA SIEMPRE

Érase una vez un hombre sencillo que era querido por su familia y amigos, a los que él también quería. Nació con un defecto de nacimiento, pero eso no le impidió al nacer ser un niño templado y tranquilo como el cosmos se hubo serenado y aquietado tras su convulsa creación.

En su infancia, en el colegio, no tuvo problemas en acercarse a los que más le ofendían para, en el furor de las ofensas, perdonarlos; en afrontar los problemas en lugar de huirlos, como al marinero sorprende la tempestad y cruje la traviesa del armazón por el ímpetu violento de las olas y se esfuerza en mantener la nave a flote, intacta, y así después llega la calma, la hermosura en paz del océano, sosegado el corazón intrépido del nauta.

Fue creciendo, los años de instituto, el paso a la Universidad y el afecto paulatino hacia los libros, a los que dedicaba horas y horas, conversando en intimidad con sus autores, día y noche inquiriendo la paz en el papel, buscando en ellos la verdad reluciente, sin saber que la verdad está más allá de la palabra, en la pureza innombrada de la mente, en el amor que desde lo alto llega como brisa acariciante de la frente noble de los hombres. Mas buscaba esa pureza y esa brisa de amor en otra frente para aliviar en ella el ímpetu fragoroso de los días. Y sediento, se engañaba y hería al dios amor con erradas flechas.

Llegó el momento de trabajar y era en el aula donde podía llegar a desarrollar una mente inocua para mostrar a sus alumnos el camino recto sin lastimarles. Pero no lo conseguía y ocultaba la idea de amor a sus discípulos, porque dolía la herida profunda bajo el pecho, ahogando su voz la palabra dichosa.

Y al ahogarse la palabra en su pecho, la rabia y el llanto inundaban su alma. Cuando sufría dejaba que a veces la carne atrajese sus sentidos, pero su naturaleza era otra y no conseguía la unión plena. Había cariño en sus mañanas frescas de trabajo, pero las normas rígidas de los hombres eran infranqueable barrera.

Y el dolor por no poder entregar su corazón a otro ser, le hizo encerrarse en sí mismo y morir, cual Narciso, en el agua estancada. Quiso amor, que en su corazón latía, abrirse al mundo y en regiones inhóspitas e inexploradas, sin miedo a la muerte, pues mejor que temer la muerte es que la muerte tema tu vida, mostró el horror oscuro de la existencia y enfebrecido por la sed que le provocaba el desamor humano, siguió buscando en vano consuelo en otra alma. Pero no le consolaron. 

Cada vez se alejaba más de los suyos, evitaba la caricia y el cariño, abandonó su trabajo y se encerró en una casa con huerto amable, del que se alimentaba, imaginó Dulcineas puras y bellas y quiso dar esperanza y alivio a otros hombres escribiendo historias maravillosas, buscando en la palabra el amor que le faltaba, mas nada saciaba sus ansias.

No encontraba freno su amor desbocado, no le humillaba el apego a un espíritu limpio, deseaba su corazón palpitante servir a un alma noble. Ello le impedía ser humilde y la ira y el dolor se apoderaron de él. Tanto fue el sufrimiento y la enfermedad de amor que un día a punto estuvo de infringir herida en su carne febril con cortante filo, pero no quiso el mundo arrebatarle el aliento y las súplicas de los que le amaban salvaron su vida.

Los médicos le asistieron y le dieron fármacos como remedio a su enfermedad de amor, pero en lugar de encontrar en ellos cura lo sumieron en un profundo estado de aflicción y sopor. Perdió la energía y una tenebrosa oscuridad le rodeó. No había consuelo a su llanto eterno y la tristeza profunda enturbió sus actos. Solo el cariño de los suyos apaciguaba su hondo suplicio. Quiso poco a poco luchar por sobrevivir, por alzar su frente humillada, comenzó a trabajar, pero la debilidad le impedía vaciar el alma en sus actos.  

Hasta que un día conoció a una joven casta, humilde, de rostro sereno y corazón tierno que se ocupó en curar sus heridas. Le asistió, le acompañó en su dolor y poco a poco la sonrisa volvió a brillar en su desacostumbrado rostro.

Y así lentamente el asedio del cariño dio sus frutos hasta rendir su corazón y poco a poco fue elevando cada vez más sus ojos anhelantes al añil del cielo, para agradecer a lo alto el afecto conquistado y encontró la paz en el abrazo eterno y etéreo de la amada, como se abraza lo que no tiene cuerpo. Ese calor encendió llama suave del amor humano con que iluminar sus actos para el obrar recto.

La ternura de su alma le colmó de dicha, ya no se sentía desamparado, había encontrado una inocencia donde sentirse pleno, un reflejo del alma divina donde encontrar la claridad y construyeron ambos un hogar donde proteger de la crueldad del mundo el cariño primigenio.  

Y así se sucedieron noches y noches de sueño sereno, y el levantarse a la mañana fresca de besos cubierto, como el rocío cayendo del cielo humedece con sus besos en el alba a la flor sedienta. El sentimiento que lo embargaba era inefable, pero intentaba describirlo para otras almas deseosas de cariño con palabras aladas.

La castidad es el deseo de amor, no el deseo, ni su represión, y así fueron compartiendo su dicha, irradiando de luz a los suyos y a aquellos que quisieran ver en la tiniebla. Nada ni nadie puede apagar esa luz, por muy oscuras que sean sus ansias.

Y cuando el interior del hombre rebosaba dicha hasta la última médula, un estremecimiento le sacudió el pecho. Así como en la mañana tibia de abril, el pastor descubre en el prado una flor tierna, de frágil tallo, pero recia hermosura y, amándola profundamente, la deja crecer, regándola todos los días y cuidándola para que no se marchite, así nuestro hombre encontró una joven casta y sintió el deseo irrefrenable de propagar su amor.

Pues, ¿quién no desea prolongar su vida en otra vida semejante? ¿Quién no desea que la luz de sus ojos se propague y no se extinga nunca y siga iluminando la sombra? Que miren al mundo con el mismo amor con que él lo contempló. Que sean guía para los suyos en la noche cerrada, en la bruma del dolor y la aflicción, que alumbren un señuelo de paz y de orden en medio del caos. Un cosmos de amor en el que sumergirse, sin importar la distancia que de él nos separe.

Así, tuvo con su mujer una niña dulce y tierna que le colmó el corazón de dicha. Siguió Amor clavándole sus flechas doradas pero el amor de su hija aliviaba la herida. Había sanado y es dificil relatar la paz con la que a partir de entonces vivió. 

 

 

 

AND IF LOVE HEALS US FOREVER

Once upon a time there was a simple man who was loved by his family and friends, whom he also loved. He was born with a birth defect, but that did not prevent him from being a temperate and calm child, as the cosmos had become serene and quiet after its turbulent creation.

In his childhood, at school, he had no problem approaching those who offended him the most in order, in the fury of the offenses, to forgive them; in facing problems instead of running away from them, as the sailor is surprised by the storm and the crossbar of the frame creaks due to the violent impetus of the waves and he strives to keep the ship afloat, intact, and so later calm comes, the beauty in peace of the ocean, restful the intrepid heart of the sailor.

He grew up, the years of high school, the transition to the University and the gradual affection for books, to which he dedicated hours and hours, conversing in privacy with their authors, day and night inquiring for peace in the paper, seeking in them the shining truth, without knowing that the truth is beyond the word, in the nameless purity of the mind, in the love that comes from above like a caressing breeze of the noble brows of men. But he was looking for that purity and that breeze of love on another forehead to alleviate the noisy impetus of the days. And thirsty, he deceived himself and wounded the god of love with errant arrows.

The time came to work and it was in the classroom where he could develop a harmless mind to show his students the right path without hurting them. But he could not achieve it and hid the idea of ​​love from his disciples, because the deep wound under his chest hurt, drowning out his voice the happy word.

And as the word choked in his chest, rage and tears flooded his soul. When he suffered he sometimes let the flesh attract his senses, but his nature was different and he did not achieve full union. There was affection in their fresh work mornings, but the men's rigid rules were an insurmountable barrier.

And the pain of not being able to give his heart to another being made him lock himself in and die, like Narcissus, in stagnant water. Love, which beat in his heart, wanted to open himself to the world and in inhospitable and unexplored regions, without fear of death, because better than fearing death is for death to fear your life, he showed the dark horror of existence and feverish by the thirst caused by human lack of love, he continued searching in vain for consolation in another soul. But they did not console him.

He distanced himself more and more from his loved ones, he avoided caresses and affection, he abandoned his job and locked himself in a house with a friendly garden, from which he fed. He imagined Dulcineas as pure and beautiful and wanted to give hope and relief to other men by writing wonderful stories, searching in the word for the love he was missing, but nothing satisfied his longings.

He found no restraint in his unbridled love, his attachment to a clean spirit did not humiliate him, his beating heart desired to serve a noble soul. This prevented him from being humble and anger and pain took over him. The suffering and love sickness was so great that one day he was on the verge of inflicting a wound on his feverish flesh with a sharp edge, but the world did not want to take his breath away and the pleas of those who loved him saved his life.

The doctors assisted him and, without understanding his nature, gave him drugs as a remedy for his love sickness, but instead of finding a cure in them, they plunged him into a deep state of affliction and torpor. He lost energy and a gloomy darkness surrounded him. There was no consolation for his eternal crying and deep sadness clouded his actions. Only the affection of his loved ones appeased his deep suffering. Little by little he wanted to fight to survive, to raise his humiliated head, he began to work, but weakness prevented him from emptying his soul in his actions.

Until one day he met a chaste, humble young woman with a serene face and a tender heart who busied herself healing his wounds. He assisted him, accompanied him in his pain and little by little the smile returned to shine on his unusual face.

And so slowly the siege of affection bore fruit until his heart surrendered and little by little he raised his longing eyes more and more to the indigo of the sky, to thank above for the affection he had conquered and found peace in the eternal and ethereal embrace of the beloved, how one embraces what has no body. That heat lit a soft flame of human love with which to illuminate his actions to act rightly.

The tenderness of his soul filled him with joy, he no longer felt helpless, he had found an innocence where he felt fulfilled, a reflection of the divine soul where he could find clarity, and they both built a home where they could protect their primal affection from the cruelty of the world.

And so nights and nights of serene sleep followed, and waking up to the fresh morning covered in kisses, like the dew falling from the sky moistens the eager flower with its kisses at dawn. The feeling that overwhelmed him was ineffable, but he tried to describe it for other souls eager for affection with winged words.

Chastity is the desire for love, not desire, nor its repression, and so they shared their joy, radiating light to their loved ones and to those who would like to see in the darkness. Nothing and no one can turn off that light, no matter how dark your desires may be.

And when the man's interior overflowed with joy to the last marrow, a tremor shook his chest. Just as on the warm April morning, the shepherd discovers in the meadow a tender flower, with a fragile stem, but strong beauty and, loving her deeply, he lets it grow, watering it every day and taking care of it, so our man found a young chaste girl and felt the irrepressible desire to spread his love.

For who doesn't wish to prolong their life in another such life? Who doesn't wish for the light in his eyes to spread and never be extinguished, continuing to illuminate the shadows? May they look upon the world with the same love with which he contemplated it. May they be a guide for his loved ones in the dark night, in the mist of pain and affliction, may they illuminate a lure of peace and order amidst the chaos. A cosmos of love in which to immerse oneself, no matter the distance that separates us from it.

Thus, he and his wife had a sweet and tender daughter who filled his heart with joy. Love continued to pierce him with her golden arrows, but the love of his daughter soothed the wound. He had healed, and it is difficult to describe the peace with which he lived from then on.

              

 

 

ET SI L'AMOUR NOUS GUÉRIT POUR TOUJOURS

Il était une fois un homme simple qui était aimé de sa famille et de ses amis, qu'il aimait aussi. Il est né avec une malformation congénitale, mais cela ne l'a pas empêché d'être un enfant tempéré et calme à la naissance, car le cosmos était devenu serein et calme après sa création turbulente.

Dans son enfance, à l'école, il n'avait aucun problème à s'approcher de ceux qui l'offensaient le plus pour, dans la fureur des offenses, leur pardonner; à affronter les problèmes au lieu de les fuir, comme le marin est surpris par la tempête et la traverse de la charpente grince à cause de la violente impulsion des vagues et il s'efforce de maintenir le navire à flot, intact, et ainsi le calme revient plus tard, beauté en paix de l'océan, paisible le cœur intrépide du marin.

Il a grandi, les années de lycée, le passage à l'Université et l'affection progressive pour les livres, auxquels il a consacré des heures et des heures, conversant en privé avec leurs auteurs, cherchant jour et nuit la paix dans le papier, cherchant en eux la vérité resplendissante, sans savoir que la vérité est au-delà des mots, dans la pureté sans nom de l'esprit, dans l'amour qui vient d'en haut comme une brise caressante du noble front des hommes. Mais il cherchait sur un autre front cette pureté et cette brise d'amour pour atténuer l'élan bruyant des journées. Et assoiffé, il se trompa et blessa le dieu de l'amour avec des flèches errantes.

Le moment est venu de travailler et c'est en classe qu'il a pu développer un esprit inoffensif pour montrer à ses élèves le bon chemin sans leur faire de mal. Mais il n'y parvint pas et cacha l'idée de l'amour à ses disciples, car la profonde blessure sous sa poitrine lui faisait mal, noyant dans sa voix le mot heureux.

Et tandis que le mot s'étouffait dans sa poitrine, la rage et les larmes inondaient son âme. Lorsqu'il souffrait, il laissait parfois la chair attirer ses sens, mais sa nature était différente et il ne parvenait pas à l'union totale. Il y avait de l'amour dans ses fraîches matinées de travail, mais les règles rigides des hommes constituaient une barrière insurmontable.

Et la douleur de ne pouvoir donner son cœur à un autre être le fit s'enfermer et mourir, comme Narcisse, dans l'eau stagnante. Il voulait que l'amour, qui bat dans son cœur, s'ouvre au monde et dans des régions inhospitalières et inexplorées, sans peur de la mort, car mieux vaut que craindre la mort, c'est que la mort craigne la vie, il a montré l'horreur sombre de l'existence et enfiévré par la soif provoquée par le manque d'amour humain, il continua à chercher en vain une consolation dans une autre âme. Mais elles ne l'ont pas consolé.

Il s'éloignait de plus en plus de ses proches, évitait les caresses et l'affection, abandonnait son travail et s'enfermait dans une maison avec un jardin convivial, dont il se nourrissait. Il imaginait Dulcinées pures et belles et voulait donner espoir et soulagement aux autres hommes en écrivant des histoires merveilleuses, en cherchant dans les mots l'amour qui lui manquait, mais rien ne satisfaisait ses désirs.

Il ne trouvait aucune retenue dans son amour débridé, son attachement à un esprit pur ne l'humiliait pas, son cœur battant désirait servir une âme noble. Cela l’empêchait d’être humble et la colère et la douleur s’emparaient de lui. La souffrance et le mal d'amour étaient si grands qu'un jour il fut sur le point d'infliger une blessure à sa chair fiévreuse avec un coupant tranchant, mais le monde ne voulait pas lui couper le souffle et les supplications de ceux qui l'aimaient sauvèrent sa vie.

Les médecins l'assistent et, sans en comprendre sa nature, lui donnent des médicaments comme remède à son mal d'amour, mais au lieu d'y trouver un remède, ils le plongent dans un profond état d'affliction et de torpeur. Il a perdu de l'énergie et une obscurité sombre l'a entouré. Il n’y avait aucune consolation pour ses pleurs éternels et une profonde tristesse assombrissait ses actions. Seule l'affection de ses proches a apaisé ses profondes souffrances. Petit à petit, elle voulut se battre pour survivre, pour relever sa tête humiliée, elle se mit à travailler, mais la faiblesse l'empêchait de se vider l'âme dans ses actions.

Jusqu'au jour où il rencontre une jeune femme chaste et humble, au visage serein et au cœur tendre, qui s'affaire à panser ses blessures. Il l'a assisté, l'a accompagné dans sa douleur et petit à petit le sourire est revenu briller sur son visage atypique.

Et si lentement le siège de l'affection porta ses fruits jusqu'à ce que son cœur se rende et peu à peu il leva de plus en plus ses yeux ardents vers l'indigo du ciel, pour remercier là-haut pour l'affection qu'il avait conquise et il trouva la paix dans l'éternel et éthéré embrasser l'être aimé, comme on embrasse ce qui n'a pas de corps. Cette chaleur a allumé une douce flamme d’amour humain avec laquelle éclairer ses actions pour qu’il agisse correctement.

La tendresse de son âme le remplissait de joie, il ne se sentait plus impuissant, il avait trouvé une innocence où il se sentait épanoui, un reflet de l'âme divine où il pouvait trouver la clarté, et ils ont tous deux construit une maison où protéger de la cruauté du monde l’affection originale.

Et ainsi se succédèrent des nuits et des nuits de sommeil serein, et le réveil au matin frais couvert de baisers, comme la rosée tombant du ciel humidifie la fleur avide avec ses baisers à l'aube. Le sentiment qui l'envahissait était ineffable, mais il essayait de le décrire à d'autres âmes avides d'affection avec des mots ailés.

La chasteté est le désir d'amour, non le désir, ni sa répression, et c'est pourquoi ils ont partagé leur joie, rayonnant de lumière à leurs proches et à ceux qui voudraient voir dans l'obscurité. Rien ni personne ne peut éteindre cette lumière, aussi sombres que soient leur désirs.

Et quand l'intérieur de l'homme déborda de joie jusqu'à la moelle, un tremblement secoua sa poitrine. Comme par une chaude matinée d'avril, le berger découvre dans le pré une fleur tendre, à la tige fragile, mais d'une forte beauté et, l’aimant profondément, il la laisse pousser, l'arrosant tous les jours et en prenant soin pour qu'elle ne se fane pas, alors notre homme a trouvé une jeune fille chaste et a ressenti le désir irrépressible de répandre son amour.

Car qui ne souhaite pas prolonger sa vie dans une autre vie semblable ? Qui ne souhaite pas que la lumière de ses yeux se répande et ne s'éteigne jamais, continuant d'illuminer les ténèbres ? Puissent-ils regarder le monde avec le même amour qu'il l'a contemplé. Puissent-ils guider ses proches dans la nuit noire, dans la brume de la douleur et de l'affliction, puissent-ils illuminer un attrait de paix et d'ordre au milieu du chaos. Un cosmos d'amour dans lequel s'immerger, quelle que soit la distance qui nous en sépare.

Ainsi, lui et sa femme eurent une fille douce et tendre qui emplit son cœur de joie. L'amour continua de le transpercer de ses flèches d'or, mais l'amour de sa fille apaisa la blessure. Il était guéri, et il est difficile de décrire la paix qui l'habita dès lors.


 

 

E SE L'AMORE CI GUARISCE PER SEMPRE

C'era una volta un uomo semplice che era amato dalla sua famiglia e dai suoi amici, che amava anche lui. È nato con un difetto congenito, ma ciò non gli ha impedito di essere un bambino temperato e calmo alla nascita, come il cosmo era diventato sereno e tranquillo dopo la sua turbolenta creazione.

Nella sua infanzia, a scuola, non aveva problemi ad avvicinarsi a coloro che lo offendevano maggiormente per perdonarli, nella furia delle offese; nell'affrontare i problemi invece di rifuggirli, come il marinaio è sorpreso dalla tempesta e la traversa del telaio scricchiola per l'impeto violento delle onde e si sforza di tenere la nave a galla, integra, e così poi arriva la calma, bellezza nella pace dell'oceano, tranquillo l'intrepido cuore del marinaio.

È cresciuto, gli anni del liceo, il passaggio all'Università e il progressivo affetto per i libri, ai quali ha dedicato ore e ore, conversando in privato con i loro autori, giorno e notte indagando la pace nella carta, cercando in essi la luminosa verità, senza sapere che la verità è al di là della parola, nella purezza senza nome della mente, nell'amore che dall'alto viene come una brezza carezzevole dalla nobile fronte degli uomini. Ma quella purezza e quella brezza d'amore cercavo su un altro fronte per alleviare l'impeto rumoroso delle giornate. E assetato, ingannò se stesso e ferì il dio dell'amore con frecce erranti.

Arrivò il momento di lavorare ed era in classe che poté sviluppare una mente innocua per mostrare ai suoi studenti la strada giusta senza ferirli. Ma non ci riuscì e nascose l'idea dell'amore ai suoi discepoli, perché la profonda ferita sotto il petto gli faceva male, soffocando la sua voce con la parola felice.

E mentre quella parola gli soffocava il petto, la rabbia e le lacrime inondarono la sua anima. Quando soffriva lasciava talvolta che la carne attirasse i suoi sensi, ma la sua natura era diversa e non raggiungeva la piena unione. C'era affetto nelle sue fresche mattine di lavoro, ma le rigide regole degli uomini erano una barriera insormontabile.

E il dolore di non poter donare il suo cuore a un altro essere lo fece rinchiudere e morire, come Narciso, nell'acqua stagnante. Voleva l'amore, che batteva nel suo cuore, per aprirsi al mondo e nelle regioni inospitali e inesplorate, senza paura della morte, perché meglio che temere la morte è che la morte tema la propria vita, mostrava l'oscuro orrore dell'esistenza e infuriato per la sete provocata dal disamore umano, continuò a cercare invano consolazione in un'altra anima. Ma non lo consolarono.

Si allontanò sempre di più dai suoi cari, evitò carezze e affetti, abbandonò il lavoro e si chiuse in una casa con un giardino amico, del quale si nutriva, immaginò Dulcineas pure e belle e volle donare speranza e sollievo ad altri uomini scrivendo storie meravigliose, cercando nella parola l'amore che gli mancava, ma nulla soddisfaceva i suoi desideri.

Non trovava alcun freno nel suo amore sfrenato, il suo attaccamento ad uno spirito puro non lo umiliava, il suo cuore pulsante desiderava servire un'anima nobile. Ciò gli impedì di essere umile e la rabbia e il dolore presero il sopravvento su di lui. La sofferenza e la malattia d'amore furono così grandi che un giorno fu sul punto di infliggersi una ferita con un taglio tagliente alle sue carni febbrili, ma il mondo non volle togliergli il fiato e le suppliche di coloro che lo amavano salvarono la sua vita.

I medici lo assistettero e, senza comprenderne la sua natura, gli somministrarono dei farmaci come rimedio al suo mal d'amore, ma invece di trovare in essi una cura, lo precipitarono in un profondo stato di afflizione e di torpore. Perse energia e un'oscurità tenebrosa lo circondò. Non c'era consolazione per il suo pianto eterno e una profonda tristezza offuscava le sue azioni. Solo l'affetto dei suoi cari placò la sua profonda sofferenza. A poco a poco volle lottare per sopravvivere, per rialzare la testa umiliata cominciò a lavorare, ma la debolezza le impedì di svuotare l'anima nelle sue azioni.

Finché un giorno incontrò una giovane casta e umile, dal volto sereno e dal cuore tenero, che si dava da fare per curare le sue ferite. Lo ha assistito, lo ha accompagnato nel suo dolore e poco a poco il sorriso è tornato a splendere sul suo volto insolito.

E così pian piano l'assedio degli affetti diede i suoi frutti finché il suo cuore non si arrese e a poco a poco alzò gli occhi desiderosi sempre di più verso l'indaco del cielo, per ringraziare in alto dell'affetto che aveva conquistato e trovò pace nell'eterno ed etereo abbraccio dell'amato, come si abbraccia ciò che non ha corpo. Quel calore accese una tenue fiamma di amore umano con cui illuminare le sue azioni per agire rettamente.

La tenerezza della sua anima lo riempì di gioia, non si sentiva più impotente, aveva trovato un'innocenza in cui si sentiva realizzato, un riflesso dell'anima divina in cui poteva trovare chiarezza, ed entrambi costruirono una casa dove poter proteggere l'affetto primordiale dalla crudeltà del mondo.

E così seguirono notti e notti di sonno sereno, e il risveglio al fresco mattino coperto di baci, come la rugiada che cade dal cielo bagna con i suoi baci il fiore desideroso all'alba. Il sentimento che lo travolgeva era ineffabile, ma cercava di descriverlo ad altre anime desiderose di affetto con parole alate.

La castità è desiderio di amore, non desiderio, né la sua repressione, e così hanno condiviso la loro gioia, irradiando luce ai loro cari e a coloro che vorrebbero vedere nell'oscurità. Niente e nessuno può spegnere quella luce, non importa quanto oscuri possano essere i suoi desideri.

E quando l'interno dell'uomo traboccò di gioia fino all'ultimo midollo, un tremore gli scosse il petto. Come in una calda mattina d'aprile, il pastore scopre nel prato un fiore tenero, dallo stelo fragile, ma di forte bellezza e, amandola profondamente, lo lascia crescere, annaffiandolo ogni giorno e prendendosi cura affinché non appassire, così il nostro uomo trovò una giovane casta fanciulla e sentì il desiderio irrefrenabile di diffondere il suo amore.

Chi non desidera prolungare la propria vita in un'altra vita simile? Chi non desidera che la luce nei suoi occhi si diffonda e non si spenga mai, continuando a illuminare le ombre? Possano guardare il mondo con lo stesso amore con cui lui lo contemplava. Possano essere una guida per i suoi cari nella notte oscura, nella nebbia del dolore e dell'afflizione, possano illuminare un'aura di pace e ordine in mezzo al caos. Un cosmo d'amore in cui immergersi, indipendentemente dalla distanza che ci separa da esso.

Così, lui e sua moglie ebbero una figlia dolce e tenera che gli riempì il cuore di gioia. L'amore continuò a trafiggerlo con le sue frecce d'oro, ma l'amore di sua figlia leniva la ferita. Era guarito, ed è difficile descrivere la pace con cui visse da allora in poi.

 


 

 





















































































Comentarios

Entradas populares de este blog

EL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN A LA LUZ DE KRISHNAMURTI

EL JARDÍN DEL EDÉN

EL CONCEPTO DE AMOR EN DOS LIBROS: EL BANQUETE DE PLATÓN Y SOBRE EL AMOR Y LA SOLEDAD DE KRISHNAMURTI. / LE CONCEPT D'AMOUR EN DEUX LIVRES : LE BANQUET DE PLATON ET DE L'AMOUR ET DE LA SOLITUDE DE KRISHNAMURTI.